Lo prometido es deuda y por aquí debía un vídeo de presentación de nuestra casa. Andrea lo publicó hace un par de días en su blog pero por si algún despistado no se pasó por allí os lo dejaré aquí también. Subo también una captura de la situación del mismo para que veáis que realmente estamos a tiro de piedra de la playa
Y ahí va el vídeo. Nos dimos cuenta tarde de que teníamos las luces apagadas y realmente en la pantalla de la cámara se veía mejor, pero por no volver a grabarlo todo de nuevo ya lo dejamos así, con lo que lo disfrutaréis mejor si lo veis en una habitación con poca luz.
Ahora que ha pasado un día desde nuestra llegada y que ya hemos reposado un poco del frenético fin de semana vivido en el estado de Victoria es el momento de comenzar a relatar el viaje que hicimos por la Great Ocean Road.
La Great Ocean Road es una carretera que va más o menos desde Torquay hasta Warrnambool a orillas del mar durante casi todo su recorrido. Son unos 350 kilómetros que realizamos a lo largo de dos días debido a la cantidad de cosas que había que ir parando para ver. Es la tierra de los contrastes, tan pronto estás en una playa de arenas blancas y aguas cristalinas como te encuentras inmerso en una selva de helechos y eucaliptos caminando por un maltrecho sendero para gozar de las vistas de una espectacular cascada.
Nuestro viaje comenzó en el aeropuerto de Sydney el viernes después de trabajar, donde cogimos un avión que nos dejó en Avalon, a unos 40 kilómetros de Melbourne. Ahí nos hicimos con nuestros coches con volante a la derecha para dirigirnos a Geelong, la segunda mayor ciudad de Victoria tras su capital, Melbourne. Hicimos noche en un sitio muy grande, el National Hotel por si alguien se pasa algún día. Un lugar que en su planta baja es un pub con música en directo 7 días a la semana (el viernes hubo 3 conciertos y una sesión de dj’s), en el que puedes cenar comida asiática y que en su primera y segunda planta tiene habitaciones rollo backpackers. Fue nuestro lugar de descanso también el domingo, antes de volver a Avalon el lunes a primera hora.
El sábado nos levantamos temprano con toda la carretera por delante con la intención de ir parando en todos los highlights que las guías turísticas nos indicaban así como en los sitios que sobre la marcha nos pareciesen interesantes.
La primera parada fue el campo de golf de Anglesea, famoso por que en él los golfistas conviven con un gran número de canguros que han hecho del terreno su hábitat personal. Por supuesto pese a no estar permitido entrar en el campo para ver canguros nos las ingeniamos para colarnos y hacer unas cuantas fotos de nuestros primeros canguros en Australia.
El viaje continuaba camino de Lorne, donde haríamos varias paradas entre esta y Apollo Bay para presenciar las playas y paisajes que podíamos ver a la vera de la carretera. Uno de los principales spots era Kennett River, famoso por su bosque de eucaliptos que albergan a un gran número de koalas. Dejaré a Andrea el honor de hablaros de estos animalitos tan extraños en un post dedicado, que sé que le hará mucha ilusión Yo os dejo una foto de uno para satisfacer las peticiones de fotos koaleras.
Al llegar a Apollo Bay paramos para comer unos bocatas y a continuación seguimos el viaje abandonando por un momento la Great Ocean Road para dirigirnos a Beech Forest. Casi 30 kilómetros de carretera sinuosa por el Ottway National Park rodeados de eucaliptos y helechos de estos en versión árbol para llegar al camino que nos llevaría a las Beauchamp Falls. Para mi sin duda el camino para llegar a la cascada fue lo mejor del viaje. Más o menos media hora caminando entre vegetación por un camino que en algunos puntos había sufrido la furia de la Madre Naturaleza obligándonos a pasar por debajo de troncos tumbados o caminar sobre barro dejando nuestros vaqueros para el arrastre.
Sin duda el camino mereció la pena y creo que las fotos lo justifican.
Cuando la luz amenazaba con empezar a atenuarse emprendimos el camino hacia el punto turístico más importante de la Ocean Road, los 12 Apóstoles. Se tratan de formaciones rocosas que debido a la erosión del agua se han quedado separadas de la costa en una especie de torres. Nosotros no llegamos a contar doce, no sé si por que realmente hay menos o por el tremendo viento que hacía que no nos dejaba concentrarnos plenamente.
De los Twelve Apostles salimos ya casi sin luz pero aún aprovechamos para hacer dos paradas relámpago más para ver The Arch y el London Arch, otro par de formaciones en la roca debidas a la erosión.
Ya de noche nos dirigimos a Warrnambool para hacer noche en otro backpackers, también bastante bueno aunque con otro rollo totalmente distinto al de Geelong. A la mañana siguiente, tras dar una vuelta por el pueblo iniciamos la vuelta a Geelong por el interior con el objetivo de parar en Colac, famoso por su lago el cuál nos decepcionó profundamente por estar casi seco y lleno de peces muertos.
Antes de Colac hicimos otra parada en Tower Hill Lake, donde nuevamente se podía disfrutar de la típica fauna australiana. En este punto tuvimos nuestro primer acercamiento a los emúes, bichos a los que aún no habíamos visto en persona. Además también estuvimos un rato con otro koala.
Por último nos volvimos a desviar del camino para realizar otra excursión por el Ottway National Park, en esta ocasión al Lake Elizabeth, un precioso lago al que se llega por otro camino entre vegetación similar al de las Beauchamp Falls. El lago es famoso por ser hábitat natural del ornitorrinco, ese animal raro que parece hecho de corta y pega. Parece ser que resulta realmente difícil ver uno, y realmente así fue, lo más parecido a un pico de pato que vimos fue el de los verdaderos patos, pero del amigo mamífero ovíparo ni rastro.
Así que emprendimos el camino de vuelta a Geelong donde hicimos noche para al día siguiente madrugar y coger el primer vuelo a Sydney. El viaje fue en general espectacular y sin duda lo recomendaría a alguien que se venga a pasar unos días a Australia. Os recomiendo que peguéis un vistazo al resto de fotos en Flickr para que podáis haceros una idea más completa de lo que fue el viaje.
En unos instantes saldremos de la oficina camino del aeropuerto donde montaremos en un avión camino de Melbourne. Desde allí, y sin pasar por la ciudad iniciaremos el descenso en coche hacia Geelong donde pasaremos la primera noche y mañana ya comenzaremos de buena mañana a recorrer la Great Ocean Road. Se trata de una carretera que discurre a la vera del mar desde la que se puede disfrutar de bonitos paisajes como los famosos Doce Apóstoles.
Además pasaremos por varios parques nacionales que entre otras cosas alardean de tener a muchos koalas viviendo en sus árboles. ¡Esperemos poder ver alguno en libertad!
La semana que viene espero poder procesar todas las fotos para currarme un post como se merece. Por el momento, ¡me despido hasta el lunes!
Ya sabíamos cuando veníamos a Australia que veríamos animales extraños y pintorescos como canguros y koalas, pero realmente nunca me había planteado que pudiésemos ver una ballena. ¡Y menos desde la playa que tenemos a dos minutos de casa!
Sucedió el domingo mientras observábamos las esculturas del camino entre Bondi Beach y Tamarama. Vimos un gran grupo de gente mirando hacia mar adentro y en un alarde de originalidad nos pusimos a hacer lo que hacía todo el mundo, en plan masa borreguil. Resultó ser que una ballena se había dejado caer por Bondi Beach nadaba y saltaba para deleite del personal. Lamentablemente las fotos no son gran cosa pero ahí queda al menos la prueba del avistamiento.
El domingo aprovechamos que era el último día que la exposición Sculpture by the Sea estaba accesible para dejarnos caer por el camino que va de Bondi Beach a Tamarama Beach. Dicha exposición consistía de varias esculturas repartidas a lo largo del camino que une estas playas. Dado que era el último día y además domingo, nos encontramos con que había muchísima gente lo que dificultaba la visita. Era como estar en George Street a las ocho de la mañana.
Realmente había de todo, tan pronto ibas paseando y te encontrabas con el tío Warhol y su lata de salsa de tomate Campbell’s como te encontrabas con unos gigantescos aviones “de papel” clavados sobre el césped como tantas veces nos ha pasado a nosotros mismos.
Al terminar en Tamarama estuvimos presenciando las esculturas que quedaban repartidas por la arena de la playa y posteriormente nos hicimos la foto de grupo de rigor, sin mi que era quien disparaba la cámara…
Si queréis ver el resto de esculturas, algunas de ellas muy bonitas pero que no he puesto aquí para no recargar el post, no dejéis de pasaros por mi colección en Flickr.