Parece que últimamente nos ha dado la vena de los animalillos y si el otro día fuimos al zoo el pasado domingo lo habíamos reservado para ir al Featherdale Wildlife Park. El parque en cuestión, situado en el pueblo de Blacktown a unos 35 kilómetros de Sydney tiene una colección privada de animales australianos que en el caso de los canguros, wallabies, etc. campan a sus anchas por el recinto conviviendo en espacio con el visitante humano.
Puedes alimentar a los canguros, hacerte fotos con los koalas, tocar a los wombats… Por lo demás podríamos decir que es un zoo como otro cualquiera pero especializado en la fauna autóctona.
En principio teníamos pensado pasar el día allí y nos llevamos todo el picnic para estar de diez a cinco de la tarde que cerrasen. Cuando ya habíamos visto todo nos dimos cuenta de que apenas eran las doce del mediodía por lo que decidimos aprovechar el veraniego día y pasar la tarde en Manly y Balmoral.
Os dejo con algunas fotos de animales del parque. Tenéis más en el set de Flickr.
Uno de los emúes que campaban a sus anchas entre la gente.
Este murciélago no paraba de seguirme con la mirada, parecía como si me suplicase que le sacara de su prisión y le llevase conmigo al Domain.
El cassowary, el ave australiano más pesado. Su ataque puede resultar mortal para el ser humano, bien sea por que te clave su cresta en el pecho o porque te raje el cuello o la tripa con su afiladísima uña del dedo medio.
El echidna es otro de los animáles típicos del país austral, es como un erizo con pico de pato.
Además también pudimos ver algunas rarezas como estos wallaroos albinos o el pavo real también albino de la imagen inferior.
¡Si yo tenía un blog, es verdad! Muy lamentable por mi parte dejar de actualizar durante casi tres semanas… Lo cierto es que tampoco han pasado muchas cosas en este tiempo. Por semana bastante trabajo y por las tardes bastante de relax ya que el tiempo no ha acompañado mucho hasta esta última semana.
El fin de semana pasado asistimos al Bowl-a-rama, una competición de skateboarding profesional en la que los mejores skaters del mundo se medían en Bondi Beach, a escasos metros de nuestra casa. En cuanto haya procesado las fotos os haré un post más completo al respecto.
Este fin de semana hemos aprovechado para acercarnos a Newcastle y Port Stephens por cambiar un poco la rutina. Salimos en coche el sábado por la mañana y llegamos de vuelta ayer por la noche. Entre las actividades que hicimos estuvieron un tour por las dunas de Stockton Beach donde pudimos hacer sandboarding, una visita a casa de Carlos, el conserje de la oficina quien quien se portó de forma estupenda y nos invitó a comer unas hamburguesas, y una breve visita a casa de los padres de Daniel, nuestro amigo australiano de Lulea, quienes viven en pleno bosque (o en The Bush como lo llaman los aussies). Más de lo mismo, una vez tenga las fotos lo contaré con más detalle.
Tan solo quería dar una breve señal de vida para satisfacer las ganas de posts de la gente, que ya empezaba a recibir amenazas…
Ayer fuimos a pasar el día al Royal National Park, un parque natural situado una hora al sur de Sydney en tren. Tiene la curiosidad de que fue el segundo del mundo en ser declarado Parque Nacional, después del de Yellowstone en los Estados Unidos.
La excursión fue bastante improvisada por lo que apenas sabíamos nada acerca del parque, así que nos bajamos del tren en Loftus y procedimos a ir caminando hasta el Visitor’s Center. Antes de llegar a este nos encontramos con una patrulla de guardabosques que nos aconsejaron sobre lo mejor que podíamos hacer dado el tiempo que nos quedaba para que terminase el día.
Así pues primero hicimos un breve paseo hasta un mirador desde que que se podía admirar el parque y el río que lo atraviesa (foto de arriba). Cuando volvíamos de dicho mirador atrajo nuestra atención una Goanna que descansaba en el tronco de un árbol. Curioso animal a la par que grande, por suerte no atacan a los humanos (a no ser que les toques los huevecillos, claro).
Una vez repuestos del encuentro con el lagarto nos dirigimos al Honeymoon Track, la ruta que nos llevaría hasta el Visitor’s Center. Un camino bastante empinado y lleno de piedras desde el que se podía ver un montón de vegetación y muchas cacatúas.
Para terminar el día decidimos alquilar unas mountain bikes para hacer una ruta que discurría unos 10km paralela al río. Fue otra forma diferente y muy interesante de ver el parque. A eso de las cinco de la tarde devolvimos las bicicletas y tras descansar un poco a la vera del río emprendimos nuevamente el HoneyMoon Track para volver a Loftus y coger el tren de vuelta a Sydney.
Un día intenso y agotador del que podéis ver más fotos aquí.
El sábado pasado era el día que habíamos elegido para salir de Sydney por primera vez desde que estamos aquí. El destino seleccionado era el parque nacional de las Blue Mountains, una de las principales atracciones turísticas del área de Sydney.
Salimos bien temprano en un tren infernal de dos horas que nos dejaría en el pueblo de Katoomba, lugar en el que cogeríamos el Explorer Bus que nos daría el tour por el parque. Para quien quiera hacer la visita desaconsejo totalmente pillar el bus en cuestión ya que es muy caro (y eso que nosotros lo compramos con un pack junto con el billete de tren). Ya in situ se pueden comprar billetes con otras compañías que hacen recorridos similares por casi mitad de precio.
Desde Katoomba cogimos el autobús, un double decker londinense que nos dejó a mitad de camino entre el pueblo y Echo Point, primer punto turístico que teníamos intención de alcanzar. Pese a que el camino está lejos de ser una pista de senderismo debido a lo turístico del lugar (había lugares asfaltados y preparados para discapacitados), no nos podemos quejar ya que las vistas que nos ofrecía del valle eran inmejorables.
En el camino hacia Echo Point pasamos por unas bonitas cascadas donde paramos para mojarnos un poco los pies y hacernos unas fotos.
Cuando estábamos en uno de los puntos más altos y desde donde ya se veía el Echo Point decidimos que era buen momento para parar a comer nuestros bocadillos. Recibimos la visita de infinidad de hormigas y más bichejos varios pero en ningún momento nuestra integridad física estuvo en peligro
Una vez llenamos el estómago ya nos dirigimos directos al susodicho Echo Point, lugar desde el que se pueden presenciar las famosas Three Sisters. Se trata de tres rocas que según la leyenda aborigen son tres jovencitas a las que su padre convirtió en roca y dejó aquí, en las Blue Mountains, para defenderlas de un ser malvado.
Además de las Three Sisters pudimos presenciar a un aborigen que estaba tocando su didgeridoo hasta que una bandada de chinos le asaltaron para hacerse fotos con él. Lástima que no llegase antes para hacerle una foto en plena actuación.
Después de haber hecho el primer recorrido turístico nos dirigimos a coger de nuevo el autobús para ir a ver las Gordon Falls. Una vez allí las cascadas nos decepcionaron bastante ya que se veían desde muy lejos y no eran muy caudalosas. Es por esto que decidimos hacer la segunda ruta a pie del día, desde allí hasta las Leura Cascades.
Este segundo camino si que ya era más auténtico y se podría calificar ya de ruta de senderismo, si bien en algunas ocasiones discurría paralelo a la carretera lo que le restaba bastante glamour. En algunos puntos del trazado parecía que estuviésemos inmersos en la selva. Ojo a los helechos, que tenían un tronco como si de un árbol se tratase.
También disfrutamos una vez más de las vistas que nos proporcionaba el parque natural.
Después de unos tres cuartos de hora de camino llegamos por fin a las Leura Cascades, sin duda el enclave más bonito de toda la excursión. Prácticamente metidos en una cueva pudimos disfrutar de la bajada del río y tomar fotos como las que os presento a continuación.
Finalmente un amable aussie nos acercó en coche hasta Leura donde habíamos quedado con Dani y Mari Cruz. Allí terminamos el día tomándonos una merecida CocaCola.
Este fin de semana tuve mi segundo acercamiento al snowboard con resultado bastante satisfactorio. En esta ocasión, a pesar de las agujetas y los dolores si que fuimos dos días seguidos, lo cual fue muy positivo de cara a ganar experiencia.
El sábado fuimos solo Andrea y yo, y aunque al principio me costó un poco recuperar el ritmo que había aprendido hacía dos semanas, tras dos bajadas por la pista verde de aquel día nos aventuramos con una azul. Sinceramente pensé que iría peor pero no, tenía razón Andrew cuando me decía que es mejor tener más pendiente y poder ir un poco más rápido ya que los giros salen mejor. Pero todo tiene un precio. Tras la primera azul tanteamos una segunda y ya en la última recta debía coger velocidad para poder atravesar un área en la que apenas había inclinación. El caso es que algo hice mal que la tabla se me clavó por la parte delantera y salí volando hacia adelante aterrizando sobre mi brazo cuyo codo se clavó en mi tórax provocándome un dolor que aún hoy me dura.
Tras la caída vuelta al coche por pista verde y a casita convencido de que al día siguiente no volvería. Pero resulta que por la tarde llegaron Marta y Héctor, quienes querían esquiar al día siguiente, así que tras comprobar que me dolía menos, allá nos fuimos los cuatro.
Yo iba ligeramente acongojado como podemos denominar, pero después de hacer la primera bajada de prueba en la mítica pista verde, se me olvidó el golpe y el día fue sobre ruedas alternando entre azules y verdes (aún no me atreví con las rojas).
Por suerte esta vez si que tengo pruebas (que pueblan todo el post) de que conseguí bajar sobre la tabla sin caerme en exceso (el domingo creo que podría contar las caídas con los dedos de las dos manos, lo cual ya es un logro). Realmente me lo pasé bien así que tendré que ir pensando en la posibilidad de hacerme con equipo propio de cara a la temporada que viene.